17 años viajando, 4 hijos, 75 países. Con ustedes, la familia Zapp


Jueves, 16 Febrero 2017
17 años viajando, 4 hijos, 75 países. Con ustedes, la familia Zapp

"Cuando empezamos esta aventura nos dijeron: cuidado con la gente de ahí fuera. Pero ha sido esa gente la que nos ha ayudado a viajar durante 17 años", explica la familia.

Un Graham Paige de 1928 permanece aparcado en pleno Paseo de Gracia, en Barcelona, acaparando la atención de turistas y transeúntes. Es sábado y Herman y Candelaria Zapp invitan a la gente a subirse a este clásico americano con el que han recorrido ya más de 300.000 kilómetros

En su interior, pinturas y cuadernos de dibujo, algunos peluches y lo justo para seguir camino. La familia Zapp, formada por los argentinos Candelaria (1970) y Herman (1968) y sus cuatro hijos: Nahuel (14 años), Lucas (11), Paloma (9 años) y el benjamín de la familia Wallaby (8 años) pondrán fin a su gran sueño: recorrer el mundo. El último continente que les queda por visitar es Europa. Luego volverán a Argentina para que sus hijos echen raíces.

¿Cómo pueden seis personas viajar por todo el mundo sin apenas dinero en un coche de 1928?

Es complicado resumir la historia de esta familia y más difícil todavía intentar entrevistar a Cande y a Herman, dos de sus protagonistas, ante la continua interrupción de los transeúntes. Tienen una energía incombustible y sonrisas para todo el que se les acerca a fotografiarse o coserles a preguntas. Las más repetidas son: "Me encantaría poder hacer lo que habéis hecho".

"¿Por qué no lo haces? ¿Qué te lo impide?", les dice Herman, vestido con su gorro de explorador mientras le da un abrazo. "Durante estos 17 años siempre nos encontramos con dos tipos de personas: las que ven solo lo negativo y te plantean todos los peligros y riesgos que conlleva nuestra aventura —más aún con cuatro niños— y aquellos que, con los ojos iluminados, nos cuentan que su sueño sería poder viajar como nosotros, pero que no lo ven posible".

 

 

Viajar es el sueño de muchos. La mayoría se conforma con ahorrar para poder viajar en sus vacaciones. Los más osados, con suerte, pueden permitirse viajar varios meses. Sin embargo, esta familia ha hecho de viajar su forma de vida y sus vacaciones son volver a casa, en Argentina, tres meses cada tres años.

"Si tienes un sueño, aférrate él y lucha para conseguirlo porque puede hacerse realidad", repite Herman.

Los inicios

Cande tenía ocho años cuando conoció a Herman. Se enamoró al momento. Él tenía dos años más. Pasaron seis años hasta que se hicieron novios. Los dos, criados en una vida tranquila en el campo, tuvieron que acostumbrarse a las rutinas de la vida normal.

"Empezamos a trabajar, yo como secretaria, él como programador y fuimos construyendo nuestra vida en base a las prioridades mundanas: nos casamos, construimos nuestra casa y conseguíamos ir ahorrando", recuerda Cande. "Pasaban los años y el gran sueño que compartíamos se iba postergando. Queríamos ser padres y cada vez surgía algún inconveniente que ralentizaba nuestros planes de empezar un viaje".

Pero el momento llegó y de la forma más inesperada. Se propusieron empezar por una ruta "sencilla": desde Buenos Aires hasta Alaska. La fecha de partida, sería sí o sí, el 25 de enero del 2000, para poder viajar dejando el frío atrás. Ella tenía 29 años; él 31.

"Una mañana Herman me dijo que ya teníamos el coche listo para el viaje. Me enseñó un coche destartalado de hace mil años. Yo le dije que ni loca, que me iba andando, que él fuese en ese coche", explica Cande entre risas. "Nunca imaginé que nuestro coche (al que cariñosamente apodan Macondo Cambalache) sería uno más de la familia. A pesar de las dificultades que puede conllevar este clásico americano de principios de los 90: como cambiar las ruedas cada diez días,no encontrar las piezas necesarias o no tener calefacción, hemos recorrido 300.000 kms. Con él hemos cruzado el Sáhara y el Amazonas, donde conocimos a una tribu de indígenas que no había visto un coche en su vida. Es una seña de identidad de la familia. Nos paran por la carretera cuando lo ven porque lo reconocen y siempre se acercan a ofrecernos algo".

De Buenos Aires a Alaska: el inicio del gran viaje

Con 4.000 dólares ahorrados empezaron su primer viaje. La ruta: Buenos Aires-Alaska.

"El peor momento para mi, de estos 17 años viajando y te aseguro que hemos tenido muchos momentos difíciles, fue preparar el coche. Nuestros amigos bromeaban diciendo que en tres días volveríamos y yo por dentro estaba acojonada. ¿Y si se nos acaba el dinero? ¿ Si se nos rompe el coche? ¿ Si nos roban o no nos dejan cruzar la frontera?. Ese fue un momento crucial, pero Herman estaba seguro de hacerlo y su confianza me hizo seguir adelante"

Ese día, el 25 de enero de 2000 comenzó un viaje que, en principio duraría menos de tres años y que acabó alargándose cientos de miles de kms y 14 años más. Por el camino nacieron sus cuatro hijos.

"Recuerdo estar en la frontera de México. Con todos aquellos policías uniformados y armados. Llegamos al puesto de control y a mí me temblaban las piernas. El grupo de polícías rodeó nuestro coche. Herman y yo nos mirábamos sin saber que iba a pasar", explica Cande.

Cuando les contaron que pensaban viajar con ese coche, los policías dijeron: "Están ustedes locos, pero les deseamos toda la suerte del mundo".

Terminada la primera aventura, siguieron sumando experiencias. El segundo viaje fue recorrer América Latina. Comenzaron por el sur en Ushuaia (Argentina) y recorrieron la costa este hasta el Norte, atravesando el Amazonas para después bajar hasta la Quiaca (Argentina). El tercer viaje fue Estados Unidos y Canadá y le siguió Oceanía, Asia y África. Su último tramo, Europa, lo dejan "para el postre".


 

Cuatro partos: Carolina del Norte (EEUU), Buenos Aires (Argentina), Isla Vancouver (Canadá) y Australia (en las aguas de la playa)

El tema de la educación, los médicos y cómo hacen los hijos para entablar relaciones sociales más allá de su núcleo familiar son las preguntas más repetidas que les hacen a esta familia. Si para muchos viajar con hijos supone todo un reto, imagina hacerlo con cuatro en un coche durante tantos años.

"Entiendo que muchos nos pregunten e incluso se preocupen de que hayamos hechos partícipes a nuestros hijos, sin preguntarles, de nuestro sueño. Siempre digo lo mismo: preguntarle a ellos qué opinan de esta experiencia", responde Cande.

Los niños participan en un curso de enseñanza a distancia. Sus padres les ayudan cada día a estudiar las materias y cada dos meses tienen exámenes y sí, los aprueban. La primera prueba de fuego que les haría plantearse si viajar con los niños fue el parto de su primer hijo.

"Me habían hecho ecografías en varios países y yo les pedía a todos los médicos que me apuntaran toda la información para poder hacerme los chequeos posteriores en distintos países. El parto se precipitaba y nos encontrábamos en Estados Unidos, en Carolina del Norte. Fuimos al hospital y nos dijeron que costaba 12.000 dólares dar a luz allí. Recuerdo que la gerente del centro llevaba un crucifijo enorme. Yo estaba aterrorizaba pensando cómo íbamos a juntar ese dinero".

 

 

 

 

Una periodista local decidió publicar nuestra historia y el teléfono de la casa de la familia que los alojaba. Cande pintaba acuarelas para conseguir algo de dinero y Herman hacía los marcos. Al día siguiente de publicarse el artículo el teléfono no dejó de sonar desde las seis de la mañana.

"La gente nos traía siete carritos de bebé, pañales, comida, ropa, dinero. Yo no paraba de pintar como loca para poder darles algo a cambio. Llegamos al hospital, con algo de dinero y ni el anestesista ni la obstetra quisieron cobrarnos. Incluso los enfermos nos decían que intentásemos entrar después de las 12 para no cobrarnos un día entero. Al final di a luz, por menos de 2.000 dólares y decenas de personas de Carolina del Norte vinieron a vernos al hospital. No tenía a mi familia cercana, pero tenía a esa gran familia que tanto nos había ayudado y que además se había interesado en ver cómo había ido todo. Fue una experiencia única", relata Cande.

Y la familia siguió ampliándose. Su segundo hijo nació en Buenos Aires; la tercera, Paloma, en la Isla de Vancouver. El benjamín en las aguas de Australia.

"Puede que nuestros hijos no hayan tenido una educación tradicional —dice Herman—, pero han visto Las Pirámides, han subido a la Gran Muralla, han nadado con delfines rojos, han ayudado a cocinar la cena con una tribu africana...Todo eso que se ve en los libros, ellos lo han vivido en primera persona".

La ayuda de la gente

¿Y esta familia nómada, de dónde saca el dinero para viajar?

"De estos años hemos aprendido tres lecciones impagables: a vivir con lo básico (si algo nuevo entra en el coche tiene que salir algo), a afrontar grandes dificultades ( en familia y en solitario) y a confiar en la gente. Ha sido toda la gente que nos ha ayudado por el camino quién ha hecho realidad nuestro sueño", cuenta Herman.

"Recuerdo que al comenzar nuestro primer viaje, en el año 2000, nuestras familias nos decían que tuviésemos cuidado con la gente. En los últimos años, estas advertencias se han triplicado. La verdad es que vivimos en un mundo cada vez más desconfiado y, sin embargo, cada vez son más las personas que nos ayudan", explica Cande.

La familia publica en su página web la ruta que va a seguir y siempre tienen decenas de familias voluntarias dispuestas a acogerles. "Somos seis, y aún así, nunca nos falta un lugar dónde quedarnos. El tiempo de viaje se alarga porque quieren hacernos partícipes de sus vidas. Quieren que les acompañemos a las fiestas populares, llevarnos a comer el domingo con toda su familia y así a diario", relata la pareja. Sus sentimientos y experiencias se recogen en su libro: "Atrapa tu Sueño", que va ya por su 13 edición y en el que se dedican más de diez páginas solo a los nombres de las personas que les han ayudado. Cada una de ellas está apuntada en sus libretas,

 

 

"Si necesitamos algún tipo de asistencia sanitaria siempre hay alguien que nos remite a su médico y que después de oír nuestra historia nos ayuda. Quizá el peor momento fue cuando Herman tuvo malaria en Mozambique en un pequeño poblado. Fue muy duro, pero es parte de nuestra experiencia también".




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